Islandia desde el Exterior

 
AL MAL TIEMPO BUENA CARA.
EL CLIMA Y LA CULTURA EN ISLANDIA.

 

Por Gabriela Gutiérrez Espinosa.

La autora de este artículo vive actualmente en Galicia, España.

Su dirección electrónica es la siguiente: ggutze@hotmail.com.

 “Þetta er lognið á undan storminum”
(“Después de la calma, viene la tormenta”
dicho popular)

INTRODUCCIÓN
Supongo que los lectores, al encontrar éste artículo en la presente publicación se preguntarán ¿Por qué Islandia? O en todo caso ¿Qué hay de interesante en leer acerca de los efectos que el clima tiene en la cultura de la población de ésta isla ubicada en el Atlántico Norte mientras que la presente publicación se realiza en una cálida península mexicana? La respuesta a estas preguntas, radica precisamente en el contraste que nos presenta el conocer las distintas formas en que el ser humano puede resolver el impacto climático en sus vidas; nunca el contraste podrá ser más enriquecedor, antropológicamente hablando, sino entre dos culturas a las que el clima ha impresionado en dos extremos antagónicos, la una por las temperaturas cálidas, la otra por las bajas temperaturas.
Debido a mi actual situación como residente en este país y mi eventual integración a la sociedad islandesa, he tenido la oportunidad de introducirme en su cultura más allá de una observación casual, antropológicamente visto, es esta una oportunidad ideal para compenetrarme con la forma en la que una cultura radicalmente distinta de la mía se enfrenta al clima y de cómo éste afecta a la vida cotidiana. He podido percatarme no únicamente de la influencia que el clima ejerce en la cultura, sino también de las estrategias que la cultura crea en aras de resolver los problemas que los fenómenos climáticos le representan.
El clima es, en todo caso, el determinante de la vida misma, pues si bien “varias generaciones de antropoides desaparecieron para siempre, es quizá por no haberse adaptado a los cambios climáticos.”
El clima, es intrínseco al concepto de naturaleza, es decir, a la existencia de un entorno físico, cuyas leyes y fenómenos se presentan independientes de la volición en un primer momento en el que se gesta la cultura. Según Nemes “El clima es la serie de los estados de la atmósfera situada encima de un lugar dado en su sucesión habitual”.Desde el punto de vista antropológico, el clima impacta directamente a la estructura de las cosmovisiones, lo que el hombre percibe, o puede percibir de su alrededor incluida una serie de fenómenos que se encuentran fuera de su comprensión, imprime indudablemente una huella en la conformación de su idea del mundo, al tiempo que determina también las estrategias con las que el hombre se enfrenta a esa serie de fenómenos.
En éste artículo pretendemos pues, exponer la forma en que las condiciones climáticas afectan y determinan el modo de vida de la población islandesa y cómo a través de las estrategias que se establecen para enfrentarlo a través del tiempo, se crean nuevos patrones culturales. Comenzaremos con la exposición de algunos datos básicos en relación con el clima y la situación geográfica de Islandia, para después describir cómo la dinámica económica se ha transformado a medida que se lograron resolver algunos de los problemas que el clima impone a esta región y a su vez, los cambios en la vida cotidiana y la cultura de la población resultantes de este proceso.
DATOS GENERALES
Esta isla se encuentra ubicada en el Océano Atlántico Norte, de norte a sur entre los 66°32´03” y los 63°23´06” norte y de este a oeste entre los 24°32´01” y los 13°29´06” este, es una de las islas más nuevas del mundo, por lo que su actividad volcánica y sísmica es constante. Posee un área de 103,125 km² de los cuales, 11,920 km² se encuentran ocupados por glaciares, 64,643 km² están cubiertos por lava o por tierras erosionadas o arenosas y únicamente 27,858 km² son de pastizales, las zonas cultivadas se reducen a tan sólo 1,100 km² aunque existen aún 20,000 km² de tierras cultivables. Como podemos observar, menos del 50% es fértil, debido tanto a las predominantes temperaturas bajas como al corto periodo de luz solar con que cuentan en el año.

La población total es de 300.000 habitantes de los cuales 111.342 radican en Reykjavik, capital del país que se encuentra ubicada en la costa suroeste.
Una de las características importantes de mencionar, es el hecho de que la situación climática de éste país es sumamente inestable, tanto en el tiempo como en el espacio, las estaciones son poco definidas y nunca garantizan seguir un patrón más o menos fijo, por lo que es difícil hablar de promedios generales, ya que en un mismo periodo pueden variar las temperaturas en varios grados de costa a costa y de un día a otro (e incluso durante el transcurso de un mismo día); a pesar de esta situación, consideramos que para el tema que nos ocupa, basta mencionar algunos datos interesantes que puedan iluminar al lector respecto a las características climáticas islandesas.
El clima se divide básicamente en dos períodos del año que marcan las contrapartes de la vida misma: El invierno y el verano, si bien no carecen de la primavera y el otoño, estas estaciones suelen ser tan cortas y tan poco definidas, que no representan sino la señal de la transición hacia la siguiente gran estación, la vida misma se ve dividida en esas dos temporadas climáticas: el invierno, obscuro, frío y caótico, el verano, “cálido” con luz constante durante el día y la mayor parte de la noche y aunque no más predecible que el invierno, generalmente más estable. Los datos que presentamos a continuación han sido tomados en diversas épocas del año, siendo la temperatura mínima en el país de –37.9°c, registrada en los glaciares el 22 de enero de 1918 y la máxima de 30.5°c el 22 de junio de 1939. La temperatura promedio para la capital ubicada en el sur del país (que suele ser menos frío que el norte y el este) es de 4.3°c con una máxima de 24.3°c el 9 de julio de 1976, la temperatura mínima fue de -19.7°c el 30 de enero de 1971. El mes más cálido fue julio de 1991 con un promedio de 13°c. Los vientos, otro elemento característico del clima islandés, provocan que aunque las bajas temperaturas no sean tan extremas como en otros países fríos, se vuelvan aún más inhóspitas y difíciles de sobrellevar, los vientos más veloces ocurrieron el 16 de enero de 1995 en costa este del país y alcanzaron una velocidad de 74.1m por segundo (266.8 km por hora).
Como se mencionó anteriormente, la situación climática no facilita la práctica de la agricultura y la ganadería, por lo que la economía islandesa se basa principalmente en la producción pesquera, en 1999 la exportación de pescado fue del 67.4 %, el 25.6% fue de productos industriales y tan sólo un 1.5% en productos ganaderos, el 5.5 % restante fue de otro tipo de productos. Esta situación, sin embargo, es prácticamente nueva, pues hasta la Segunda Guerra Mundial, la industria era prácticamente nula y la exportación mínima. Este periodo, fue el verdadero parte aguas para que Islandia diera el gran salto para su industrialización, debido principalmente a la demanda de alimentos y otros enseres básicos por parte de los países europeos afectados por la guerra.

 

LOS CAMBIOS EN LA ECONOMÍA Y LA VIDA LABORAL
La vida y los recuerdos se dividen por lo general en los tiempos de “antes y después de la guerra”. Imaginemos un país en el que las condiciones climáticas impedían la obtención de productos agrícolas, excepto algunas raíces como la papa y la “roa” además de verse limitada en gran medida a la producción ganadera que se reducía al ganado bovino realmente escaso y para consumo muy localizado, y al ganado ovino y la cría de caballos, utilizados para transporte al igual que para alimento. No sólo eso, sino que la dificultad para navegar sus mares debido a los fuertes vientos y el frío, impedían un suministro regular de los productos que se producían en otros países, lo que provocaba que el más mínimo desbalance climático atentara contra la producción básica de alimentos, razón por la cual, las hambrunas eran acontecimientos bastante comunes. La economía feudal permaneció aún hasta principios del siglo pasado, los feudos se dividían la producción anual en dos tiempos basados en el clima: durante el tiempo de verano, los peones debían de juntar y almacenar el alimento que se utilizaría para alimentar al ganado en invierno, y durante el invierno, eran enviados por el señor feudal hacia las costas para emplearse en la pesca y el procesamiento del pescado, siendo el trabajo de invierno el principal sostén de la economía del país. Esta economía basada prácticamente en la pesca, exigía que el ritmo productivo se sostuviera lo más constantemente posible a pesar de las condiciones climáticas, de este modo, la población sufría bajas realmente alarmantes que se debían no sólo a las enfermedades y pestes a las que se sometía constantemente por las malas condiciones en las que vivía, sino también a diversos tipos de eventos climáticos, los barcos hundidos en el mar debido al mal clima eran historia cotidiana, tan sólo entre los años 1600 y 1900 se registran por lo menos 1187 personas fallecidas por esta causa en treinta y un registros documentales. Los duros inviernos con cantidades de nieve imprevistas que provocan aludes y heladas inclementes que cierran el contacto entre pueblos, se siguen registrando aún hoy día a pesar de que se cuenta con medios y vías de comunicación de alta tecnología, sin embargo, de algún modo estos avances han disminuido en gran número la pérdida de vidas humanas por tales motivos, en ése mismo periodo de tiempo (1600-900) encontramos once notas referentes a pérdidas de vidas por derrumbes de nieve.

 

Al finalizar la economía feudal, el trabajo en las costas se vio reforzado, pues el aumento en la demanda por parte de Europa, requería mayor disponibilidad de mano de obra para el procesamiento, inclusive durante el verano, del producto obtenido en el invierno, de este modo, el trabajo pesquero se extendió a lo largo del año. Este hecho se vio reforzado de igual forma por el uso de nuevas tecnologías en la recolección de pastizales, que permitió que esa mano de obra liberada se concentrara en la producción pesquera.
El crecimiento comercial logrado a partir de la Segunda Guerra mundial, logró incentivar la economía islandesa y entrar, inicialmente con sus productos pesqueros al mercado europeo, el ingreso monetario produjo la capacidad de adquirir nuevos bienes de consumo, principalmente en aras de resolver algunos de los problemas climáticos que les impedían una producción mayor. La adquisición de una planta industrial, permitió a su vez que los ritmos y las formas en los que el trabajo se había venido realizando tradicionalmente se vieran transformados y, al mismo tiempo, la vida cotidiana y los hábitos culturales.
La pesca tradicional se realizaba en condiciones realmente duras, desde el material utilizado en la indumentaria, hasta las condiciones mismas de las embarcaciones; la lana y la piel eran los componentes empleados en la conformación de la ropa usada por los marineros, aquellos fueron inicialmente sustituidos por lona y posteriormente (y hasta hoy día) por plástico y nuevos materiales térmicos que permiten una mayor resistencia al frío. Las comodidades mismas en los barcos, tales como agua corriente para el aseo cotidiano y aire acondicionado al interior de los camarotes han hecho más llevadera la vida del marinero que aún tiene que seguir lidiando con un clima inclemente, principalmente durante el invierno, cuando la pesca continúa como en cualquier otra época del año, debido a que es en ésta temporada cuando se pescan las variedades de exportación, tales como el arenque y el capelín, entre otras, además de que las especies que pueden obtenerse durante todo el año, son de mejor calidad especialmente durante el invierno (bacalao). La nueva tecnología incorporada a los barcos pesqueros también ha venido a simplificar el proceso de trabajo que anteriormente era realizado casi manualmente, labores tales como limpiar el pescado, filetearlo, empacarlo y congelarlo se hacen todas en la actualidad con la ayuda de maquinaria especializada.
No sólo en el mar las condiciones que la modernidad proporcionó al trabajo, hicieron más llevadera y menos riesgosa la vida, sino que también el procesamiento en tierra, como el secado, el salado y el empacado entre otros procesos que solían realizarse al aire libre, principalmente en la época de verano, fueron transferidos al interior de plantas industriales en las que se vieron simplificados.
En el campo, la producción agrícola y ganadera se vio beneficiada gracias a la inserción de nuevas técnicas; se implementó la siembra en invernadero de algunas especies como el pimiento morrón, el pepino, el jitomate, la zanahoria, la lechuga y algunas hierbas de olor, así como de una gran variedad de plantas de ornato. En la cuestión ganadera, la mecanización de la recolección de pastos para la alimentación del ganado durante el invierno, ha economizado el tiempo y la mano de obra invertida anteriormente en época de verano, y que antaño demandaba la mayoría de la mano de obra disponible a lo largo de la temporada de mejor clima. 

 

CONDICIONES DE VIDA EN LA ACTUALIDAD
El ahorro en energía humana y tiempo obtenidos como resultado de los cambios en la economía islandesa, así como los avances tecnológicos en las industrias y los servicios, han tenido efectos definitivos en el modo de vida de los islandeses; mientras que en el pasado, Islandia era un país con escasos recursos en los que la mayoría de la población vivía en condiciones deplorables sufriendo las inclemencias del clima, en la actualidad la población goza de un estándar de vida bastante alto, pues siendo la población aún escasa, los bienes de que se disponen son suficientes para proporcionar las condiciones básicas de vida. Prácticamente la totalidad de la población cuenta con habitación provista de servicios tales como agua, luz, calefacción, y teléfono, además de tener acceso a la educación y a la alimentación en forma adecuada, el producto interno bruto por persona es de 2.3 millones de coronas al año (27,000 Dlls) y el desempleo es de apenas 2.7 %. A pesar de ello, muchas de las costumbres y concepciones que provienen de épocas precedentes continúan siendo practicadas por la población aunque en la actualidad parecen obsoletas dadas las actuales condiciones de vida, otras nuevas se han introducido y algunas más simplemente se han reformulado dando paso a nuevas formas de antiguas costumbres.
El trabajo y todo tipo de servicios que como se ha descrito anteriormente, era predominantemente realizado al exterior se replegó, en la medida de lo posible, a la comodidad de los interiores; los materiales de construcción térmicos, tales como el relleno aislante en las paredes, la superposición de dobles vidrios en ventanales, dobles puertas hacia el exterior de los edificios y el uso del aire acondicionado, vinieron a substituir a la utilización del adobe y el pasto que con anterioridad eran usados para recubrir las casas habitación; a pesar de ello, la preferencia por los espacios preferentemente pequeños y cerrados que tienden a preservar el calor, como por ejemplo las habitaciones para dormir, siguen siendo parte estructural de la arquitectura islandesa.

 

LA “DOBLE VIDA” ISLANDESA
La organización de los hábitos responden básicamente a una idea del mundo que se encuentra basada en los dos períodos climáticos que más impresionan a la vida en estas latitudes. Por un lado, el invierno, que comienza el 27 de octubre y finaliza el 18 de abril, se caracteriza como la época de la obscuridad y el frío, el sol nunca llega al cenit y la luz se vuelve mínima, la “noche” se prolonga ganando lugar al día, este fenómeno se conoce como “noche polar”. En la parte más álgida del invierno, la luz solar es perceptible apenas entre las 12:00 a.m. y las 16:00 a.m. Aunque existen poblaciones que incluso no la perciben en absoluto a lo largo de los meses invernales debido a que las montañas tapan el sol que logra asomar entre esas horas. 
A la obscuridad del invierno corresponden los festejos propios de la época, navidad y año nuevo, entre otros, que promueven la convivencia familiar y la vida en el interior; el verano, en cambio, conlleva la recuperación de la luz y del “calor” perdidos durante el invierno, así como la reapropiación de los espacios exteriores. El verano islandés comienza el primer jueves comprendido entre los días 19 al 25 de abril y finaliza hasta el inicio del invierno, se caracteriza por la prolongación gradual de la luz solar a lo largo de la noche, comenzando por tan sólo unos minutos y continuando hasta abarcar prácticamente la totalidad de la noche, es decir, se puede gozar de días soleados que duran hasta 21 horas, con una obscuridad muy mínima en el período restante, éste fenómeno es conocido como “sol de media noche”. De tal forma, el trabajo, la alimentación, los festejos, el vestido, la organización de los espacios y aún el carácter mismo de la población o ethos, responden a estos dos distintos periodos. Así como a nosotros puede parecernos extraño vivir y concebir al mundo con un “día y una noche de varios meses” (el verano y el invierno) a lo largo del año, para un islandés es inconcebible y extraño un año en donde cada día comparte su respectivo periodo con la noche alternativamente, tal como lo comentó un informante que radicó en la ciudad de México durante un tiempo: “Me parecía raro tener día y noche todos los días, porque el día era demasiado alegre y la noche demasiado triste” precisamente porque estos sentimientos están reservados para el “día verano y para la “noche invierno”, que representan la luz del día y la obscuridad.
Los festejos invernales, están estructurados de tal manera que cubran una gran parte del mes más obscuro de esta estación: diciembre, de tal forma, la navidad no se limita únicamente a la celebración del nacimiento de Jesús los días 24 y 25 de diciembre, sino que se prolonga a lo largo de casi una semana amalgamado una serie de fechas y creencias paganas, junto con las de las religiones cristianas, como la luterana y la católica así los días de reuniones familiares tradicionales con comidas características para cada día van desde el 23 hasta el 26 de diciembre para retomarse nuevamente el tono festivo con los preparativos para el año nuevo y cerrar el ciclo trece días después con el de “álfabrenna”.

 

Las compras navideñas comienzan desde mediados del mes de noviembre, coincidiendo precisamente con la llegada de la obscuridad prolongada, de esta manera el consumismo al que todos acceden debido a la capacidad adquisitiva con que cuenta el islandés promedio, viene a solucionar de algún modo la pesadumbre que la obscuridad de ésta época climática provoca, en este renglón cabría comentar el hecho de que las ofertas del mes de enero vienen a prolongar la algarabía propia de esta época. De tal forma, el paseo principal durante el invierno, está constituido por largas caminatas en los centros comerciales y en la calle principal, llamada Laugavegur, en la que se concentran la mayoría de los negocios.
Durante el invierno, la vida replegada al interior, impone no únicamente la organización de espacios prácticamente cálidos, sino, psicológicamente acogedores, la decoración tiende a la preferencia por los colores obscuros y cálidos como por ejemplo el color ladrillo, el verde pino, o el azul marino, que en otras latitudes como en México, serían inimaginables o por lo menos, poco comunes en el interior de una casa. La decoración de los interiores tiene una gran importancia precisamente porque los espacios deben ser lo más acogedores posibles para evitar la depresión de la vida entre paredes. Una de las costumbres que más pueden indicar una actitud psicológica que preferencia la estructuración de los espacios como prioritaria en la vida de los nativos de este país, se encuentra en el uso cotidiano de velas y veladoras decorativas.
La obsesión por la luz al interior se encuentra perfectamente justificada por la falta de ella al exterior, en este renglón cabe también mencionar el hecho de que las decoraciones navideñas, se vuelven año con año más ostentosas. La iluminación con motivo de estas temporadas, es parte estructural de los festejos, de tal forma, hasta el panteón goza de su respectiva “iluminación navideña” provista de luces de colores en las cruces de las tumbas. Esta obsesión por la luz dentro de la obscuridad, se refleja igualmente en la costumbre de encender fuegos artificiales y grandes fogatas en el año nuevo, como parte esencial del ritual del festejo del año nuevo. Justo a la hora en la que se acerca el último minuto del año, la gente suele salir al exterior, preferentemente a lugares de vista panorámica, a quemar la mayor cantidad posible de fuegos artificiales. La obsesión por la luz durante el invierno, no sólo refleja el terror cultural por la obscuridad que lleva aparejado al frío, sino que también un problema básico de salud, el uso masivo de lámparas de luz ultravioleta instaladas en clínicas de belleza, junto con todo tipo de servicios para desarrollar el culto al cuerpo (masajes, saunas y una gran gama de tratamientos faciales y corporales) es una de las nuevas costumbres adquiridas gracias a la modernidad y que permite contrarrestar no únicamente la falta de luz solar a la que el cuerpo se ve sometida por el invierno, sino más bien las enfermedades que éste hecho lleva aparejado, tales como la depresión que es un grave problema de salud entre la población y que incluso llega a provocar altos índices de suicidios precisamente durante ésta época, o la psoriasis, enfermedad que afecta a la piel y que es otra de las enfermedades debidas a la falta de luz solar.
Volviendo a la importancia capital que tiene la decoración de los interiores en relación con las bajas temperaturas se puede observar que existe un gran en el aprecio hacia las plantas, no es difícil encontrar verdaderos mini hábitats al interior de las casas y oficinas, el valor que la vegetación tiene para los islandeses, refleja precisamente la carencia de vegetación que existe, no únicamente como resultado del invierno, sino en general a lo largo del año, puesto que la flora islandesa es realmente escasa. Este afán por la vegetación, se repliega totalmente al exterior durante la época del verano, en el que uno de los pasatiempos favoritos, consiste precisamente en arreglar todo tipo de jardines, improvisados incluso en los balcones, de manera que, además de cultivar ese gusto por la vegetación, se adquiere también un buen pretexto para tomar el sol que tanta falta hizo en durante el invierno.

 

Entre los hábitos que la población practica todavía basándose en la idea del enfrentamiento al clima se encuentra la alimentación. Como ya se mencionó con anterioridad, la tierra poco fértil y las condiciones climáticas impusieron hasta hace apenas unos años, una alimentación prácticamente carente de frutas y vegetales. Las carnes que se consumía eran casi exclusivamente el pescado y el borrego que hasta hoy día siguen siendo la base de la alimentación islandesa y, en mucho menor escala, la de caballo y la de algunas aves; un alto contenido de grasas es también característico de su dieta, de tal modo que a las grasas utilizadas desde el pasado, básicamente grasas animales, se han añadido una serie de grasas vegetales como diversos tipos de aceites y margarinas. Estas costumbres alimenticias, que en el pasado respondían a una verdadera necesidad de contar con reservas energéticas suficientes para desempeñar el trabajo en las condiciones climáticas antes descritas y que en la actualidad han perdido razón de ser, tienen en la actualidad un efecto importante en la salud de los islandeses; la obesidad, junto con las enfermedades cardiacas, así como de la presión arterial comienzan a presentar un verdadero problema de salud entre una parte importante de la población. Aún con la introducción de nuevos alimentos vegetales en la dieta, la preferencia por la alimentación rica en grasas y harinas sigue predominando, a mi forma de ver, basada precisamente en un gusto ancestral culturalmente desarrollado por este tipo de alimentos.
Estos problemas de salud, tienden a verse incrementados además por el uso del automóvil, que induce a la población a evitar la vida en el exterior en la medida de lo posible. El transporte de un lugar a otro impone una movilidad corporal prácticamente nula, en lo que se refiere a la vida cotidiana, la vida en la calle es prácticamente inexistente como una necesidad. A este sedentarismo impuesto por el clima, se ha contrapuesto la práctica del deporte como las caminatas y el trote al aire libre; la natación en albercas de agua caliente tanto al aire libre como cubiertas es una de las distracciones más populares, aún durante el invierno, los deportes en general forman parte de la vida cotidiana de una parte importante de la población, aunque en ocasiones no de manera suficientemente fuerte como para contrarrestar la tendencia perniciosa de sus hábitos alimenticios en la salud. Otro tipo de problemas de salud característicos del invierno, corresponden a una serie de enfermedades virales endémicas conocidas como “pestes” y que van desde la gripe común hasta una serie de dolencias propias del sistema respiratorio y estomacales y que se convierten en verdaderos motivos de ausentismo en el trabajo durante esta época.
A esta división entre dos épocas climáticas, corresponden también los ritmos del trabajo que se desempeñan en la actualidad. Durante el invierno, la mayoría de los empleados solicitan tiempos extras y cubren la mayor parte posible de su tiempo “libre” trabajando, excepto el mes de diciembre, debido a los festejos navideños. De tal forma dependiendo de la empresa o la instancia en la que el trabajo se desempeñe, la producción se prolonga hasta las 24 horas del día e inclusive los fines de semana; por el contrario, en el área de los servicios se reducen los horarios durante el invierno, e incluso, algunos como los dedicados a la recreación y la cultura, cierran sus puertas para reiniciar actividades sólo durante el verano, tal es el caso de museos y casas de la cultura por ejemplo. Esta lógica responde precisamente al tipo de actividades que pueden o no realizarse en determinada época. Como lo mencioné con anterioridad, la vida en esta temporada se ve drásticamente replegada al interior, es por esto que el trabajo en las empresas se ve incrementado, puesto que desde la perspectiva de la gente, este es un tiempo en el que es más saludable mantenerse lo más ocupado posible, que dejarse caer en las manos de la depresión. Por otro lado, el consumo que implican tan fastuosos y prolongados festejos navideños, requiere de que se tenga un buen ahorro para no quedar tan endeudados una vez pasadas las fiestas. En cambio durante el verano, época de la vida exterior, el trabajo se ve limitado lo más posible al tiempo estrictamente contratado, y es en esta época cuando se aprovecha cualquier prestación o pacto de tiempo libre del que se disponga para poder emplearlo en viajes de campismo (el más popular tipo de diversión), paseos por la ciudad y sus alrededores, o viajes al extranjero, preferentemente a las playas y a los lugares cálidos y en ocasiones extremamente cálidos, aunque pudiera parecer extraño, si pensamos que debe ser difícil para ellos adaptarse y tolerar las altas temperaturas siendo de una latitud de clima frío. De tal forma, como se mencionó anteriormente, cualquier tipo de atracción recreativa requiere de abrir sus puertas en horarios más prolongados de los normales, tal el caso de las bibliotecas, el zoológico, las albercas, algunas tiendas y las agencias turísticas por ejemplo.
El paisaje característico del verano, incluye aprovechar el mayor tiempo posible los rayos ultravioleta, por los que en invierno pagan tanto dinero en las clínicas de belleza, de esta forma, es realmente asombroso para quienes provenimos de latitudes que disfrutan de climas templados o cálidos, ver cómo los islandeses salen a “tomar el sol” a cuanto balcón, jardín, parque o asolead ero tengan a la mano, con el mínimo vestido posible, aunque la temperatura en realidad no sea tan elevada como para desprenderse de la ropa, que como se mencionó al principio de éste artículo, ha llegado a ser como máxima de 24.3°c para el sur de la isla. A tal grado es la obsesión por aprovechar al máximo los rayos solares, que las mujeres pueden salir en sostén a arreglar sus jardines en plena avenida, sin que esto sea mal visto por ninguna persona que circule por la calle. Esta actitud se encuentra plenamente justificada en aras de asolear el cuerpo: tomar el sol es mucho más importante para cualquiera que cubrirse para guardar”las buenas costumbres”. En todo caso, cubrirse representa la aceptación de poseer un clima inhóspito, de ser diferentes a otras latitudes que finalmente son las que imponen la moda y ciertos patrones de comportamiento, siempre de acuerdo a climas más nobles; de este modo, imágenes exportadas de manera importante a través del cine, por ejemplo, como las de jóvenes vestidos en escotes y minifaldas que parecerían totalmente imposibles de usar en Islandia, son imitados por la moda islandesa, es por esto que la juventud (y aún los menos jóvenes), prefiere cubrirse lo menos posible, aunque el clima no esté lo cálido que se desearía, una especie de rebeldía cultural subyace al hecho de no cubrirse, puesto que de este modo -sin importar piernas moradas, o cuerpos temblorosos- la gente suele manifestar que “el clima le hace los mandados” es decir, que éste no controla la vida, aunque en realidad sea todo lo contrario. No es extraño entonces, encontrar por las calles del centro de Reykjavik, en los aparadores de las tiendas o en cualquier fiesta, bar o discotequera, que la moda en el vestido no se diferencia en nada a la que usaría cualquier persona que viviese en Paris o en la Ciudad de México o más aún, en ocasiones los escotes son verdaderamente dignos de Cancún. En caso de no ser posible soportar las temperaturas se recurre a un buen abrigo que se abandonará inmediatamente en cuanto se haya ingresado a la comodidad interior de un clima artificial.
Retomando las costumbres veraniegas, encontramos que entre la práctica de los baños solares, se mezcla la de “asar carnes” (grill) todo mundo suele poseer entre sus bienes comunes una parrilla para asar en el exterior de sus balcones o jardines, éste es el pretexto perfecto para celebrar reuniones familiares en el exterior, podría pensarse que es una costumbre muy lógica teniendo buen clima durante esta época, sin embargo es curioso observar cómo aunque hayan días soleados y con temperatura aceptable para “asar carnes” en invierno no suele hacerlo nadie, la simple idea les parece absurda y fuera de lugar, por la simple y sencilla razón de que el absurdo radica en hacer vida exterior en una época que no corresponde con tales costumbres.
Las caminatas al aire libre son otra de las costumbres de verano al mismo tiempo que otro pretexto más para tomar el sol y el aire fresco, las familias o grupos de amigos o de trabajo suelen organizar caminatas para admirar la imponente naturaleza islandesa, y en ese afán antes descrito de olvidar durante esta época las dificultades impuestas por el clima de éste país, ha sido creada en la capital una pequeña playa con arenas blancas traídas desde la costa oeste y aguas templadas artificialmente con corrientes provenientes del sistema hidráulico urbano para que los más atrevidos (puesto que el agua sigue siendo fría) puedan meter los pies en ellas, y continuar con la ilusión veraniega de que éste puede ser un país que goza de las mismas ventajas climáticas de cualquier otro.
En este punto, es bastante claro, que cualquier acto ritual que marque la vida de manera definitiva, comienza con la entrada del verano. Las primeras comuniones, importante ritual de paso que los jóvenes de ambos sexos realizan al cumplir los 13 años, se realizan durante la Semana Santa, cuando con la llegada de la primavera ha comenzado a “mejorar” (siempre en aras de lo impredecible) la temperatura. Ya bien entrado el verano, es tradicional celebrar todo tipo de bodas, bautizos y aniversarios que son inconcebibles durante el invierno.

 

El CARÁCTER EN RELACIÓN AL CLIMA
Cualquiera ha escuchado mencionar alguna vez, que la gente proveniente de climas cálidos suele ser alegre y desenfadada en comparación con aquella que procede de temperaturas predominantemente bajas. Uno no sabe qué tan cierto puede ser esto, hasta que experimenta vivir en dos latitudes radicalmente diferentes. Hasta cierto punto, podría decirse que el ethos o carácter culturalmente establecido en una sociedad, es prácticamente determinado por el clima. El ethos islandés, se caracteriza precisamente por ser retraído. Al islandés promedio, se le dificulta mucho la manifestación  de sus emociones fuera de un contexto festivo, espacios especialmente creados para desplegar todo tipo de sentimientos como el amor, la alegría o la tristeza y el enojo, son por ejemplo los sitios de recreación como bares, discoteques, teatros, etc. Las escenas de novios besándose en la calle o caminando abrazados tomados de la mano, que para las latitudes más cálidas pudieran ser comunes, son casi inexistentes aquí. La sola idea les provoca un poco de vergüenza o incluso risa, la manifestación del amor, al igual que la del sexo, se repliegan al interior de los espacios privados.
El carácter retraído no se manifiesta únicamente en el ámbito afectivo, sino también en el de la manifestación de sus opiniones, de tal modo, la inconformidad socialmente organizada es muy difícil, el enojo ante medidas políticas, sociales o culturales que afectan a todos puede ser expresada de boca a boca en las tradicionales “visitas para tomar el café” que se acostumbran durante todo el año, pero muy difícilmente se tornan en verdaderas manifestaciones sociales organizadas. Hacer un mínimo reclamo en un lugar público, como por ejemplo tocar el claxon para llamar la atención por algún disturbio provocado en el tráfico, o tal vez protestar por alguien que se mete en una fila de espera, representa colocarse en una posición incómoda en la que se atraerían las miradas de más de una persona hacia sí mismo. Puestos a analizar estas actitudes propias del carácter islandés o tal vez del carácter nórdico, diríamos que, esa forma de retraer la cultura a los interiores durante épocas largas e indeterminadas, impone una perspectiva del mundo en donde expresar los sentimientos y puntos de vista, es más bien cosa privada, del interior de cada hogar, para resolver los problemas “de afuera” existen personajes expresamente designados por la sociedad, representados en tal caso por las autoridades políticas y civiles. Aún cuando la mayoría de los islandeses tienen un sentido del humor bastante alegre, éste se ve reflejado siempre al interior de círculos muy íntimos, y en ocasiones ayudados un poco por el influjo del alcohol, por el que la ruptura a la “regla” de guardar discreción se ve disculpada. Fisiológicamente hablando, es bien conocido el efecto que los rayos solares ejercen en la producción de hormonas y substancias del cuerpo que influyen en la psique y el carácter de las personas, no es pues muy disparatado pensar que el clima es realmente determinante del ethos de cada cultura y que en este caso, por más artificios tecnológicos que se impongan para sobrellevar a aquél, es imposible limitar sus efectos en el carácter humano.

 

CONCLUSIONES.
La creciente economía islandesa, ha sido un factor determinante de los cambios en las formas y los ritmos de vida en relación al clima, por permitir a sus habitantes, poseer mayores comodidades tanto en el desempeño del trabajo, como de la vida cotidiana, creando nuevas costumbres y tornando anacrónicas algunas otras que se veían determinadas por el clima, tales como la alimentación.
En tanto algunas costumbres permanecen a pesar de su incompatibilidad con el tipo de vida actual, otras nuevas, se adquieren al globalizarse los medios de comunicación que muestran patrones y formas culturales totalmente ajenos a la situación climática de Islandia, tal es el caso de la moda en el vestido.
No es difícil entender el hecho de que en estos extremos, el clima impacte de manera determinante a las relaciones sociales y la personalidad también, el ethos de los islandeses se caracteriza por ser retraído, debido al desempeño de la vida básicamente en los interiores y por la falta de sol durante una parte importante del año.
Pensar en las dificultades climáticas, implica pensar en las oportunidades que tiene la vida misma. Cada uno de los actos que el ser humano ha logrado a través de la historia, han sido determinados de alguna forma por su adaptación al clima. Las bajas o altas temperaturas, han provocado un sinfín de gamas resolutivas, adaptativas o reformulativas en aras de enfrentar o de aprovechar el clima. El caso de Islandia, puede muy bien ilustrar este hecho, aquí, cada acto que se realiza cotidianamente, tiene que ser preestablecido por la predicción del clima, seguido fielmente al final de cada noticiero, de hecho la parte más importante de éste, incluso la salida cotidiana para ir al trabajo todos los días depende del clima, el tipo de ropa que se usará, los instrumentos necesarios para ir afuera, ya sea en carro o caminando, dependen de ésa predicción. La planificación de un evento que en otros lados pudiera ser simple, se complica por el clima, invitaciones a diversos actos sociales se ven arruinados totalmente en ocasiones debido a ello. La idea del mundo se ve directamente afectada por el clima en el que ése mundo se desempeña, de tal forma podemos ver la diferencia de conceptos reflejada en el dicho popular que usamos al principio a manera de epígrafe: “Después de la calma, viene la tormenta” y que para los mexicanos sería exactamente al revés.

 

BIBLIOGRAFÍA
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